No sólo peperas.. Atención mujeres, cuidado con los peperos

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Estamos a fin de año y los delincuentes ya apuntan a tu bolsillo. El arranchar carteras, bolsiquear o hasta robar a mano armada es para muchos de estos "vivos" mucho riesgo, por eso optan por lo fácil.

Estamos a fin de año y los delincuentes ya apuntan a tu bolsillo. El arranchar carteras, bolsiquear o hasta robar a mano armada es para muchos de estos "vivos" mucho riesgo, por eso optan por lo fácil.

Y en este rubro están las ya famosas peperas, aquellas mujeres que pululan en las discotecas, polladas u otros eventos sociales y aprovechando un descuido o una borrachera de algún incauto, le introducen en el trago altas dosis de diazepam (peligroso fármaco que produce adormecimiento) y luego de vaciar los bolsillos o las billeteras de sus víctimas, los dejan moribundos.

Sin embargo, lo que continúa en este post es vital para aquellas mujeres que no creen que podrían ser víctimas de esta modalidad delictiva. A continuación narro tres modalidades que ya ejecutan los cada vez más abundantes "peperos".

Primero: "El simpaticón que te invita el caramelo" : La incluyo primero porque la escuché anoche en radio Capital y es parecida a otras modalidades que amigos policías me comentaron hace poco. La oyente Sonia contó que cuando regresaba de San Isidro a Miraflores -para variar en una combi casi vacía- un hombre la observaba con persistencia. Ella por un momento se confundió y hasta respondió a la coquetería, pero luego entró en razón aunque decidió seguirle la corriente al delincuente.

Este, tras preguntarle algunos detalles simples como su nombre o a que se dedicaba, sacó tres inofensivos caramelos y le invitó uno. Sonia cogió la golosina algo desconfiada y él se metió la otra directamente a la boca. A pesar de la insistencia, la mujer se resistió a probarlo y luego bajó de la combi pues había llegado a su destino.

En casa, sana y salva, olvidó el anecdótico momento y dejó el caramelo en el bolsillo, pero tres días después -mientras metía su ropa a la lavadora- lo encontró de nuevo. En la seguridad de su hogar y para quitarse la espina decidió probarlo ligeramente, pero no pasaron muchos minutos para sentir que se le iban las fuerzas. 

Sonia alcanzó a llegar a su cama y no recuerda más. Despertó doce horas después y se dio cuenta de lo peligrosa que resultó la golosina.

Segunda:  "Incómodos por los malos olores" : Sube un sujeto bien vestido, con terno usualmente y a veces acompañado de alguna mujer, ambos aparentan salir de una reunión social.  Ella se sienta al costado de la víctima y el hombre de pie.

De pronto la mujer se queja de un mal olor, hace gestos de molestia y el amable acompañante le dice que saque el perfume. De inmediato esta empieza a rociar la supuesta colonia -que contiene un somnífero-  cerca a su víctima y para no ser afectada contiene la respiración. Él saca un pañuelo y la joven se cubre la nariz por algunos minutos para no resultar afectada.

Cuando la víctima pierde el conocimiento la pareja finge ayudarla y la bajan de la combi o bus para supuestamente embarcarla en un taxi, los pasajeros observan la escena despreocupados pues los delincuentes -por la vestimenta- aparentar ser buenas personas.

Tercera: El que te pone la jarra: Esta modalidad es la más común y apunta a víctimas hombres, pero también los reyes del pepeo se presentan como simpáticos salseros o reggaetoneros, algunos usan lentes oscuros y llegan listos a poner la diversión y porque no, las chelas. Ojo, su intención no sólo es el dinero, sino también el abuso sexual.

Para ganarse la confianza, dicen laborar en entidades bancarias, ministerios y muestran hasta supuestos carnets de identidad falsos. Como las mujeres son más desconfiadas, los peperos ponen la mira en grupos reducidos de no más de tres señoritas.

Además pululan sólo en discotecas pudientes. En este caso aprovechan el menor descuido y suelen usar drogas o sustancias que antes de la inconsciencia provocan estados desmedidos de euforia o agravan el estado de ebriedad de una mujer. Con ello no despiertan el interés de los vigilantes de un establecimiento.

Pero la clave principal para no caer en manos de estos delincuentes es evitarlos, no confiar en nadie que les ofrezca desinteresadamente alguna ayuda y no olvidar que las apariencias engañan.  (Antonio Manco – Periodismo en Línea)

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