Carta abierta

12

Todavía nostálgico por el último fin de semana en abandono, pienso en qué demonios debo escribir para qué – de una vez por todas – me entiendas. No soy quién, para dar lecciones de vida pero, CRÉEME, la falta de buen sexo y haber escogido a las personas equivocadas en tu vida parece empezar a  perjudicar seriamente tu salud… antes de seguir quiero que me hagas una promesa: que, luego de leer esto, intentes ser exclusivamente sincera, ok? 

Todavía nostálgico por el último fin de semana en abandono, pienso en qué demonios debo escribir para qué – de una vez por todas – me entiendas. No soy quién, para dar lecciones de vida pero, CRÉEME, la falta de buen sexo y haber escogido a las personas equivocadas en tu vida parece empezar a  perjudicar seriamente tu salud… antes de seguir quiero que me hagas una promesa: que, luego de leer esto, intentes ser exclusivamente sincera, ok? 

Voy a suponer que lo haz prometido. Ahí voy: no te enojes, pero aunque no lo parezca, desde hace algún tiempo me incomoda que  adoptas poses que no te pertenecen. Si; leíste bien: poses. Y no me refiero al sinnúmero de formas de divertirse en la cama, sino más bien a tu postura de chica dark. Entiende, de una vez, que no eres la Kill Bill de la historia. Por más que lo intentes y pongas cara de treinta por cuarenta: no das miedo, ni inspiras respeto, mucho menos pareces mala.
 
Deberías escucharte al hablar de tu sobrina. O, verte jugando a hacerme cosquillas. O de pronto, chequearte en el éxtasis al recordar el concierto de Calamaro. Esa eres tú. Tierna, cariñosa, mujer. Recuérdalo, por favor.
 
Hace unos días me escribiste algo que me marcaría. “Extraño abrazarte”. No escribiste extraño tus besos, o tu cuerpo. No. Dijiste abrazarte. Te referías a que, estando lejos me necesitaste, como un amigo, como un hermano; quizá como tu cómplice. Sabes, cuánto – una persona enamorada – daría por saber de su pareja; puede parecer exagerado pero un mensaje o una llamada de quién extrañas, siempre te arreglará el día. Siempre. Tú lo hiciste conmigo cuando aseguraste extrañar mis brazos.
 
A lo que voy. Te computas autosuficiente y mala y eso NO está bien. Acaso no te das cuenta que te excedes?. No creo justo mirar feo a quien, sin mucho éxito, intenta invitarme a una reunión, a la mesera que sonríe  o la cajera de metro que intenta ser amable. No creo que así funcione, amor. Tienes todo para escoger el novio que quieras y te sigues aferrando a este pechito. Sweetie, comprende de una buena vez que te adoro y que no pienso dejarte nunca. Puedo jurarlo por la santísima Cruz de Motupe, delante del estadio nacional repleto; si es necesario.
 
Nunca hemos tomado tecitos con biscotelas, ni hemos pasado horas hablando de mi última hazaña periodística. No soy un huevainas con cara de empleado del mes. No eres una gata fiera. No somos una pareja convencional. Jamás escucharemos discos de cantos gregorianos o de perreo intenso. No tenemos amix, ni nos despediremos diciendo Alaos. Somos un punto aparte. Tú y yo sabemos divertirnos de otro modo. Nos entendemos.
 
Ahora estás molesta y pienso que a lo mejor me alucinas poco hombre como para saber retener una mujer como tú. Pareciera escucharte ahora mismo diciendo: no me llames, no me escribas, no me busques. Choteándome cual vendedor de micro, porque sabes que muero por tí. Si quieres recuperarme, no nos llames, te llamamos. Así es?
 
Yo escucho a los Yaipén. Puedo haber almorzado con presidentes y siempre seré el mismo huevón que regresa por su plato de tres lucas a la tía de la chanfaina, en Canevaro. Soy de los que intenta ser amables, aunque no haya mucho que ofrecer. Me he prohibido invitar a tomar café sino siempre chelas. Puedo hospedarme en el Marriot o en esa mierda en la que estuve en Tarma. Puedo parecer todo lo frívolo y pendejo que quieras. Eso si, de lo único que puedes estar segura es que soy bien hombrecito para decirte absolutamente todo. Todo. A mi modesto comprender, la diplomacia es prima hermana de la hipocresía, pelar las muelas por cumplir, no va. No corre. Mejor que nadie sabes que he sido y siempre seré sincero.
 
Ese soy yo. Así me quieres. Eso creo. Quiero pensar que así, me querrás siempre. Lo único que me inspira estar frente a la pc es saber – de una buena vez – que piensas tú. Si de veras me extrañaste, si estás dispuesta a retroceder las fichas y volver a empezar.
 
Dime algo, lo que sea: me equivoqué. Estás muy feo, no me gustan los periodistas, tengo alergia a tu habitación, ya no me agradan tus besos, me llegan al rechopin tus mensajes de texto. No sé. Lo que sea, pero quiero una respuesta razonable para este tarado enamorado que hará pública esta carta.   Una mujer como tú no se encuentre a cada rato, y quienes lo lean deben saberlo. TE AMO.

 

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