Actualmente, a la mayoría de los jóvenes nos cuesta encontrar, mantener y consolidar una relación de pareja. Esta dificultad es consecuencia o fruto de los nuevos tiempos; aunque cueste reconocerlo, la globalización no sólo ha traído cambios a nivel político y económico, sino también cambios a nivel social, que afectan no sólo las relaciones sociales, sino además las relaciones de pareja, infringen las antiguas reglas del romance y nos sumergen en la cultura de la inmediatez, donde todos nos estamos convirtiendo en objetos de consumo.

Por Delia Velásquez Cajo

Factores como el individualismo, la falta de madurez, resistencia al compromiso, miedo a perder la libertad y consecuencias post romance nos están arrastrando a relaciones sin compromiso. Nos estamos convirtiendo en protagonistas y testigos de relaciones tipo ACD (amigos con derecho), nos envolvemos en los períodos de prueba (salimos con el fin de ser novios, lo que no excluye el sexo) y hacemos uso y abuso de la libertad sensual y sexual (los famosos “choque y fuga”).

En muchos casos, estas relaciones no se dan por opción, sino por condición, pero no una condición derivada de la otra persona, sino del miedo a arriesgar. ¿Por qué se ha perdido el romance y la capacidad de conquista para construir una relación de pareja? ¿Por qué nadie está dispuesto a correr el riesgo del compromiso afectivo? ¿Por qué le tenemos tanto miedo al error o la equivocación? ¿Por qué evitamos conocer al otro más allá del sexo? ¿Por qué nos saltamos las etapas de descubrimiento? ¿Por qué, a pesar de que “decidimos” llevar una vida sin compromisos, nos sentimos cada día más solos?
Hace muchos años, la conquista tenía entre sus características un romanticismo dorado que era parte de la ilusión, era un motivo más para vivir, el hombre y la mujer comprometían sus sentimientos y se jugaban el todo por el todo en esa relación.

Hoy en día, la conquista es parte de un juego y para colmo incompleto, preferimos dedicarnos a tener historietas en vez de armar una gran historia, no arriesgamos, no apostamos, pretendemos vivir exentos de nuestros sentimientos y dejarnos llevar por el vaivén de lo superficial, que al final puede resultar nocivo incluso para nuestra propia autoestima.
El asumir un compromiso implica un riesgo que se debería correr más allá de las ansiedades fóbicas que esto nos pueda generar.

La capacidad de entrega con el paso de los años se ha visto mermada por el temor, por el desinterés, por el aburrimiento, por las sensaciones de ahogo y encierro, por la necesidad de huir e incluso por las fantasías que nos generan otros vínculos.

Equivocarnos es parte de la vida, no pretendamos pasar por el mundo sin sufrir, al arriesgar podemos ganar como también podemos perder, lo importante es probar y apostar por ese alguien que nos gusta y nos genera sensaciones agradables. No mantengamos una posición que no queremos, ni deseamos asumir, no nos dejemos arrastrar por esta nueva moda cultural de satisfacción inmediata, si no estamos plenamente satisfechos con ese estilo de vida.
No busquemos sólo en el sexo una manera de encontrarnos con el otro, el ser humano tiene mucho que ofrecer más allá de los orgasmos.

No saltarse las etapas de descubrimiento es una de las claves para engancharnos con el amor y para que éste no sea confundido con una sensación tan simple como el besar los labios.

En estos tiempos cuando la globalización empuja al ser humano a especializarse cada día más, también hace más dificultosa la constitución de una pareja. Muchas personas, debido a esta vorágine, tardan en comprometerse debido a que privilegian su desarrollo personal y laboral, en estos casos estar en pareja constituye un riesgo para la realización personal y prefieren vincularse sin compromisos de por medio, satisfacen su propio yo, pero aun así la soledad les pasa la factura.

Por suerte, no todo está perdido, todos maduramos en determinado momento, definimos qué tipo de vida queremos y por quién deseamos estar acompañados, aunque llegado el momento ya seamos un cúmulo de experiencias, que si bien nos pueden servir para el futuro, también pueden representar etapas muy duras que no deseamos volver a experimentar. No seamos víctimas de estas nuevas tendencias afectivo emocionales.

Si te gusta alguien en serio, díselo; si quieres a alguien de verdad, díselo; si quieres estar con él o ella, díselo; si quieres formar una pareja estable con él o ella, hazlo; arriesga, apuesta y no te quedes con la duda de lo que pudo ser.

Redacción En Línea

Administrador de contenidos de Grupo Periodismo en Línea

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