La transformación del mercado laboral en Perú avanza a diferentes velocidades, especialmente para las mujeres. En un contexto donde las responsabilidades de cuidado continúan recayendo mayoritariamente sobre ellas, la flexibilidad laboral dejó de percibirse como un beneficio adicional y pasó a convertirse en un factor decisivo para mantener la participación en el empleo formal y potenciar el crecimiento profesional.
Según el estudio “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral en Perú”, desarrollado por WeWork y Michael Page, existe una marcada diferencia en la forma en que hombres y mujeres enfrentan la presencialidad.
Mientras el 30% de los hombres apuesta por trabajar completamente desde la oficina, solo el 14% de mujeres e identidades diversas prefiere ese modelo.
La tendencia refleja una realidad estructural: más del 60% de mujeres en Perú opta por esquemas híbridos y otro 25% prioriza modalidades remotas, evidenciando que la flexibilidad responde a una necesidad concreta vinculada al equilibrio entre vida laboral y responsabilidades personales.
La carga de cuidados impulsa la demanda por flexibilidad laboral
El escenario laboral femenino está estrechamente relacionado con la distribución desigual de las tareas domésticas y de cuidado.
De acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), las mujeres en Perú destinan cerca de 39 horas semanales al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, más del triple del tiempo que dedican los hombres.
Esta diferencia impacta directamente en las posibilidades de acceder a empleos presenciales tradicionales y limita el tiempo disponible para asumir mayores responsabilidades profesionales.
En consecuencia, los modelos híbridos y remotos se posicionan como alternativas que permiten sostener la actividad laboral sin abandonar otras obligaciones cotidianas.
Además, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado que las políticas de flexibilidad son fundamentales para reducir las brechas de género, sobre todo en entornos donde las tareas de cuidado siguen distribuyéndose de manera desigual.
Menos mujeres en cargos de liderazgo
La falta de condiciones laborales adaptadas también tiene efectos en el crecimiento profesional femenino.
El estudio de WeWork y Michael Page revela que únicamente el 12.6% de los cargos senior está ocupado por mujeres, una cifra que evidencia las barreras persistentes para acceder a posiciones de liderazgo.
La limitada presencia femenina en puestos estratégicos responde, en parte, a dinámicas laborales que todavía no consideran las necesidades de conciliación entre trabajo y vida personal.
Frente a ello, la flexibilidad aparece como una herramienta clave para impulsar trayectorias profesionales más sostenibles e inclusivas.
“La flexibilidad no es solo una demanda del talento, es una condición que permite que más mujeres puedan desarrollarse profesionalmente. Pero también implica repensar cómo se diseñan los espacios de trabajo, para que realmente acompañen esas nuevas dinámicas”, explicó Rocío Robledo, directora para la Región Andina de WeWork.
Empresas rediseñan sus modelos de trabajo
La evolución del mercado ya está generando cambios en las organizaciones. Cada vez más empresas replantean la manera en que operan, apostando por esquemas laborales donde la presencialidad se utiliza de forma estratégica y adaptable.
En este nuevo modelo, la oficina deja de ser el único espacio productivo y se integra dentro de dinámicas más flexibles que buscan mejorar la experiencia de los colaboradores y favorecer la inclusión laboral.
“Para muchas mujeres, esto se traduce en una mayor capacidad de organizar su día sin tener que salir del mercado laboral. Cuando las empresas entienden esa realidad, empiezan a construir entornos más inclusivos, donde es posible compatibilizar responsabilidades sin sacrificar el desarrollo profesional”, concluyó Robledo.
El trabajo híbrido gana protagonismo en Perú
La consolidación del trabajo híbrido en Perú responde no solo a cambios tecnológicos o nuevas tendencias corporativas, sino también a la necesidad de construir entornos laborales más equitativos.
La flexibilidad se posiciona como un elemento esencial para impulsar la participación femenina, reducir brechas y fomentar una cultura organizacional más moderna y sostenible.
