La salsa despide a una de sus figuras más determinantes. Willie Colón, conocido como el ‘Malo del Bronx’, murió en Nueva York luego de permanecer hospitalizado por problemas respiratorios que habían generado preocupación entre sus seguidores y colegas.
La noticia fue confirmada por sus familiares a través de la página oficial del artista, donde destacaron que partió en paz, acompañado de sus seres queridos.
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El anuncio de su muerte
“Con profunda tristeza anunciamos el fallecimiento de nuestro amado esposo, padre y renombrado músico, Willie Colón.
Aunque lloramos su partida, celebramos el legado eterno de su música”, expresó la familia, que además solicitó privacidad durante el proceso de duelo y agradeció las muestras de apoyo recibidas.
El legado del ‘Malo del Bronx’ en la historia de la salsa
William Anthony Colón Román nació el 28 de abril de 1950 en Nueva York, hijo de padres puertorriqueños y criado en el sur del Bronx. Desde temprana edad mostró inclinación por la música. Primero exploró la trompeta, pero fue el trombón el instrumento que definió su identidad artística y lo convirtió en un referente indiscutido del género.
A los 15 años firmó con el entonces naciente sello Fania Records, fundado por Johnny Pacheco y Jerry Masucci. Apenas dos años después lanzó su primera producción.
Poco tiempo más tarde, la recomendación de Pacheco lo llevó a formar dupla con Héctor Lavoe, creando uno de los binomios más emblemáticos de la salsa. Juntos grabaron discos fundamentales como “The Hustler” (1968), “Guisando” (1969), “Cosa Nuestra” (1970), “Asalto Navideño” (1971) y “Lo Mato” (1973), entre otros.
Durante esa etapa, la estética inspirada en los gánsteres de la década de 1920 y las letras que retrataban la experiencia puertorriqueña en la diáspora consolidaron un estilo propio. La combinación de la voz inconfundible de Lavoe y el talento musical de Colón marcó una época dorada para la salsa neoyorquina.
La revolución musical junto a Rubén Blades
En 1977 inició una nueva etapa artística al lanzar “Metiendo Mano” con el panameño Rubén Blades como vocalista. Dos años más tarde, ambos publicaron “Siembra” (1979), considerado por muchos como el álbum más influyente en la historia de la salsa.
El disco incluyó temas icónicos como “Plástico”, “Buscando guayaba” y “Pedro Navaja”, canciones que elevaron el contenido social del género y ampliaron su alcance internacional.
“Siembra” no solo rompió récords de ventas, sino que introdujo una narrativa más crítica y reflexiva. A través de sus letras, Colón y Blades abordaron la desigualdad, la identidad latina y la vida en los barrios de Nueva York, demostrando que la salsa podía ser también un vehículo de análisis social y cultural.
Trayectoria solista, política y controversias
Más allá de sus colaboraciones, Willie Colón desarrolló una sólida carrera como solista con producciones como “Fantasmas” (1981), “Corazón Guerrero” (1982) y “Tiempo Pa’ Matar” (1983). En paralelo, amplió su participación en el ámbito público e incursionó en la política partidista. En 1994 compitió en una primaria demócrata por un escaño congresional, aunque no logró imponerse.
Con el paso de los años, sus posturas políticas generaron debate y distanciamiento con parte del público. Asimismo, su relación profesional con Rubén Blades se fracturó tras disputas contractuales que llegaron a tribunales, una ruptura que nunca logró revertirse.
Reconocimientos y huella imborrable
A lo largo de su trayectoria recibió múltiples honores, incluyendo grados honorarios de universidades en Estados Unidos, su ingreso al International Latin Music Hall of Fame en 2000 y al Latin Songwriters Hall of Fame en 2019.
Aunque fue nominado en varias ocasiones, nunca obtuvo un Grammy competitivo, una ausencia que contrasta con su enorme influencia en la industria.
El impacto de Willie Colón en la salsa resulta incuestionable. Su visión artística empujó los límites del género y abrió espacio para nuevas generaciones de músicos latinos.
Además, su interés por los temas sociales dejó claro que la salsa podía trascender la pista de baile y convertirse en un canal de reflexión colectiva.
Su voz también quedó inmortalizada en piezas como la introducción de “Oh, qué será”, donde compartió una mirada íntima sobre la fe, el amor y la experiencia humana.
Ese fragmento resume la profundidad con la que entendía la música: como una expresión que conecta lo tangible con lo espiritual.
Con su partida, la salsa pierde a uno de sus grandes innovadores, pero su obra permanece viva en cada trombón que resuena y en cada canción que sigue contando historias de barrio, identidad y esperanza.
