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Tras la sorpresiva y trágica noticia del fallecimiento del polémico youtuber argentino Gaspi, el mundo de las redes sociales se ha volcado a recordar su legado de humor absurdo y sin filtros.

Entre su vasto historial de videos, hay uno que resuena hoy con especial fuerza: su surrealista, caótico y divertidísimo viaje a Lima, Perú, bajo la atenta mirada y dirección del gigante del streaming, Ibai Llanos.

La misión: limpiar el karma en tierras limeñas

El viaje no fue casualidad. Gaspi cargaba con un historial de haber hecho «demasiadas» bromas pesadas sobre los peruanos.

Para remediarlo, Ibai diseñó un plan maestro: llevarlo a Lima, ponerle un auricular oculto (pinganillo) y darle instrucciones en tiempo real para ayudarlo a «caerles mejor» a los locales en medio de la locura nocturna.

El contraste al pisar la calle fue inmediato. Mientras Gaspi buscaba cómo interactuar, Ibai era recibido en Perú casi «como un dios».

Su fama local estaba por las nubes gracias al famoso «Mundial de Desayunos», un evento donde coronó al pan con chicharrón peruano por encima de la arepa venezolana, ganándose el corazón de todo el país.

Un recorrido lleno de choques culturales y momentos virales

La noche limeña fue el lienzo perfecto para el humor impredecible de Gaspi.

En su afán por conectar con la gente, protagonizó una serie de encuentros que quedaron grabados en la historia de internet:

  • El sacrilegio de la arepa: Al encontrarse con un ciudadano venezolano, Gaspi quiso presumir sus dotes culinarias afirmando que hacía arepas a mano. En un momento de pánico, buscó la receta en Google en plena calle, dictando ingredientes como 400 gramos de harina de maíz, agua, leche y mantequilla. Sin embargo, desató la furia de Ibai cuando decidió agregarle su «toque especial argentino»: dulce de leche.
  • La gorra de Pokémon y el «salto del tigre»: Uno de los encuentros más insólitos fue con una señora mayor que lucía una gorra de Pokémon. Aunque la mujer comenzó criticando la economía y la delincuencia de Perú, rápidamente cayó ante los encantos del argentino. Tras confesar que le gustaban los hombres jóvenes, la señora aceptó sin dudar la propuesta de hacerle el «salto del tigre» en la cama. Fiel a su estilo, Gaspi redobló la apuesta proponiendo un «trío peruano» con Ibai, quien se negó rotundamente, horrorizado ante la situación.
  • Poemas en «spanglish» y viudas enamoradas: Su técnica de seducción no tuvo límites. A una turista holandesa le recitó un poema de amor desastrosamente traducido en internet, lanzando frases como «you are my love history» (tú eres mi historia de amor). Más tarde, desconcertó a una señora viuda al preguntarle si estaría con él incluso si tuviera sida; la mujer, hipnotizada, le respondió que tal vez sí, «solo por sus lindos ojos».
  • Entrevistas incómodas: Tampoco faltaron los momentos incómodos, como cuando interceptó a una española de Madrid y a su novio peruano, obligando al muchacho a demostrar frente a la cámara su «movimiento de caderas» para entender cómo la había conquistado.

El clímax en Barranco: cumbia, un autobús Mercedes Benz y el perdón definitivo

Cuando los locales le recomendaron ir al distrito de Barranco para vivir la verdadera «noche peruana», la expedición tomó un giro épico. La dupla alquiló un imponente autobús de fiesta Mercedes Benz conducido por Gerardo, un chofer que admitió ser un «lobo» de la noche y al que bautizaron jocosamente como el «conductor del sexo».

Ibai le dejó clara a Gaspi su misión final: «Te has metido tanto con los peruanos que hoy necesito que les des diversión y alegría… estamos en el objetivo de llenar el autobús, es nuestra manera de pedir perdón a Perú».

Al principio, la misión parecía un fracaso. Personajes hilarantes como un tal Fernando (que resultó llamarse Jorge) y una mujer llamada Amparo subían al vehículo para bajarse a los pocos minutos. La gente no se quedaba y el autobús se vaciaba.

Pero entonces, ocurrió la magia. Gerardo cambió la música y puso a todo volumen los éxitos de cumbia del 50 aniversario del icónico Grupo 5. La estrategia funcionó a la perfección. Al grito de «¡Una, dos y tres, Perú!», el autobús se llenó por completo de limeños bailando, esquivando de paso a la policía e incluso invitando a subir a una trabajadora sexual de la calle.

En medio de una fiesta eufórica y ensordecedora, con el autobús repleto de gente celebrando, Ibai miró a su amigo y sentenció el final perfecto para una travesía inolvidable: «Gaspi, el autobús está lleno, todos sois de Perú, el objetivo está cumplido… salvaste tu relación con Perú, la gente te quiere, Perú te ama».

Hoy, ese grito de victoria queda como el homenaje más divertido a un creador que, a su extraña y caótica manera, supo ganarse las risas de millones.

Administrador de contenidos de Grupo Periodismo en Línea