El Estado peruano ya transita plenamente el 2026 y lo hace con uno de sus elementos administrativos más característicos ya definido: el nombre oficial del año.
Mediante el Decreto Supremo Nº 011-2026-PCM, publicado en el Diario Oficial El Peruano, el Poder Ejecutivo declaró formalmente este periodo como el “Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia”, cerrando así el breve vacío administrativo que marcó el inicio del calendario.
Aunque para muchos ciudadanos esta denominación puede parecer un detalle menor, dentro del aparato público cumple una función normativa, simbólica y política de gran relevancia.
El nombre del año no solo ordena la documentación oficial, sino que también sintetiza las prioridades, valores y el enfoque que el Gobierno busca proyectar durante todo el periodo anual.
A diferencia de otros países, donde los años pueden asociarse a tradiciones culturales o referencias simbólicas sin carácter obligatorio, en el Perú el nombre del año es una exigencia administrativa que orienta la comunicación institucional del Estado en todos sus niveles: nacional, regional y local.
¿Cuándo y cómo se definió oficialmente el nombre del año 2026?
En condiciones habituales, la denominación anual se aprueba en las últimas semanas de diciembre o durante los primeros días de enero.
En el caso del 2026, el proceso se concretó el 22 de enero, fecha en la que el Ejecutivo emitió y publicó el decreto supremo correspondiente.
Una vez firmado por el Presidente de la República y refrendado por el Presidente del Consejo de Ministros, el decreto fue difundido a través del Diario Oficial El Peruano, acto que le otorgó plena validez legal y carácter obligatorio para todas las entidades del Estado.
Desde ese momento, el uso del nombre del año se volvió imperativo en oficios, resoluciones, memorandos, informes y comunicaciones oficiales.
Aunque el sector privado no está obligado a emplearlo, muchas empresas, instituciones educativas y organizaciones civiles lo adoptan de manera voluntaria como señal de alineamiento institucional.
¿Qué denominación se utiliza ahora en los documentos oficiales?
Con la publicación del Decreto Supremo Nº 011-2026-PCM, todas las entidades públicas deben consignar obligatoriamente la frase:
“Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia”
Este encabezado reemplaza cualquier fórmula provisional utilizada durante los primeros días del año y pasa a formar parte de la estructura formal de la documentación estatal en los tres niveles de gobierno.
Adicionalmente, el decreto dispone que el Ministerio de Cultura establezca la traducción oficial del nombre del año a las lenguas indígenas u originarias, para su uso en distritos, provincias y departamentos donde estas predominan, conforme al Mapa Etnolingüístico del Perú.
Denominaciones oficiales de los años en el Perú (2010–2026)
Las denominaciones anuales reflejan con claridad los distintos momentos políticos, sociales e históricos que ha atravesado el país:
- 2010: Año de la consolidación económica y social del Perú
- 2011: Año del Centenario de Machu Picchu para el Mundo
- 2012: Año de la Integración Nacional y el Reconocimiento de Nuestra Diversidad
- 2013: Año de la Inversión para el Desarrollo Rural y la Seguridad Alimentaria
- 2014: Año de la Promoción de la Industria Responsable y del Compromiso Climático
- 2015: Año de la Diversificación Productiva y del Fortalecimiento de la Educación
- 2016: Año de la Consolidación del Mar de Grau
- 2017: Año del Buen Servicio al Ciudadano
- 2018: Año del Diálogo y la Reconciliación Nacional
- 2019: Año de la Lucha contra la Corrupción y la Impunidad
- 2020: Año de la Universalización de la Salud
- 2021: Año del Bicentenario del Perú: 200 años de Independencia
- 2022: Año del Fortalecimiento de la Soberanía Nacional
- 2023: Año de la Unidad, la Paz y el Desarrollo
- 2024: Año del Bicentenario, de la Consolidación de Nuestra Independencia y de la Conmemoración de las Heroicas Batallas de Junín y Ayacucho
- 2025: Año de la Recuperación y Consolidación de la Economía Peruana
- 2026: Año de la Esperanza y el Fortalecimiento de la Democracia
Cada una de estas frases condensó el contexto y las prioridades del Estado en su respectivo periodo.
El rol clave del Diario Oficial El Peruano
El Diario Oficial El Peruano cumple un papel central en la oficialización del nombre del año. La denominación solo adquiere validez legal cuando el decreto supremo es publicado en sus páginas.
Sin esta publicación, el nombre del año no tiene efecto administrativo ni uso obligatorio. Aunque la denominación anual no crea derechos ni obligaciones directas para la ciudadanía, sí establece una pauta imperativa para la documentación pública y garantiza la uniformidad institucional del Estado.
Por ello, la publicación en El Peruano no es un trámite menor, sino el acto formal que marca el inicio pleno del periodo administrativo anual.
¿Cuál es el valor político detrás del nombre del año 2026?
Más allá de su función administrativa, el nombre del año tiene un fuerte componente político y comunicacional.
En la práctica, funciona como un gran eslogan institucional que se repite de forma constante en documentos, discursos y comunicaciones oficiales.
La denominación del 2026 se sustenta en la Política General de Gobierno 2025–2026 y pone énfasis en la defensa del orden constitucional, la transición democrática, el fortalecimiento de la institucionalidad, el respeto a la libertad de prensa, la autonomía de los organismos electorales y la lucha contra la corrupción.
Cada palabra elegida comunica una prioridad. Hablar de esperanza y democracia implica marcar el tono de la gestión pública en un contexto político sensible, donde la estabilidad institucional y la confianza ciudadana se convierten en ejes centrales del discurso estatal.

Una costumbre obligatoria con raíces históricas
La práctica de asignar un nombre oficial a cada año calendario se remonta a 1963, durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry, cuando se adoptó la denominación “Año de la Alfabetización en todo el territorio patrio”.
Desde entonces, esta costumbre se institucionalizó progresivamente hasta convertirse en una norma administrativa obligatoria.
A lo largo de más de seis décadas, ha sobrevivido a cambios de gobierno, crisis políticas y distintos escenarios económicos, consolidándose como parte del protocolo estatal peruano.
Hoy, el nombre del año no es solo un encabezado: es una referencia simbólica que acompaña la acción del Estado y define el marco institucional bajo el cual se desarrolla cada periodo anual.
¿Qué pasa en otros países y cómo se compara el caso peruano?
En otros países existen prácticas similares, aunque con alcances distintos. En China, cada año se asocia a un animal del zodiaco chino, una tradición cultural sin carácter administrativo. Japón utiliza nombres de eras imperiales que acompañan al calendario oficial durante el reinado de cada emperador.
En Europa y América del Norte, es común la proclamación de “años temáticos” dedicados a causas específicas, como la juventud, la igualdad o la sostenibilidad.
Sin embargo, estas denominaciones no son obligatorias ni forman parte de la documentación oficial.
El caso peruano destaca por su carácter normativo, ya que el nombre del año se integra de manera obligatoria al funcionamiento cotidiano del Estado, convirtiéndose en una herramienta única de identidad institucional.
