Sam Altman habla
Sam Altman habla

Durante un extenso conversatorio abierto, Sam Altman compartió una visión en la que la IA aparece como una fuerza profundamente deflacionaria, capaz de reducir costos, democratizar capacidades y reconfigurar sectores completos en un periodo sorprendentemente corto.

El director de OpenAI y ChatGPT señala que el avance acelerado de la inteligencia artificial no solo está transformando la forma en que se construye software, sino también la estructura económica y social.

Desde su perspectiva, el abaratamiento radical de la inferencia permitirá que, con presupuestos relativamente bajos, cualquier persona pueda crear software que antes requería equipos completos trabajando durante meses.

Este fenómeno, explicó, tiene el potencial de empoderar a grupos históricamente subrepresentados y de actuar como una fuerza igualadora, siempre que las decisiones de política pública no frenen ese impacto.

IA, costos decrecientes y brechas económicas

Altman subrayó que la caída en los costos de crear y escalar tecnología puede convertirse en una palanca clave para reducir brechas económicas persistentes, como las asociadas a desigualdades salariales.

Al facilitar el acceso a herramientas avanzadas, la IA abre la puerta a que más personas construyan productos, empresas y soluciones sin las barreras tradicionales de capital o infraestructura.

Este escenario, según explicó, contrasta con dinámicas como el aumento sostenido del precio de la vivienda en ciudades tecnológicas, una paradoja que aún resulta difícil de asimilar en una economía que, en otros frentes, se encamina hacia una fuerte presión deflacionaria impulsada por la automatización y la robótica.

Del software estático al software escrito para cada persona

Uno de los cambios más profundos que Altman anticipa tiene que ver con la manera en que interactuamos con las computadoras.

El software dejará de ser una herramienta fija para convertirse en algo dinámico, capaz de adaptarse continuamente a las preferencias y hábitos de cada usuario.

En lugar de aplicaciones universales, emergerán sistemas que se reescriben y ajustan en tiempo real, respondiendo a problemas específicos en el momento en que aparecen.

Este enfoque redefine la relación entre usuarios y tecnología. Aunque seguirán existiendo principios básicos de negocio como la necesidad de distribución, retención y ventajas competitivas, la velocidad para crear soluciones y experimentar con nuevas ideas será un factor decisivo para el éxito de startups y empresas consolidadas.

Modelos generales, agentes y creatividad asistida

En cuanto al desarrollo de modelos, Altman expresó una clara preferencia por sistemas de propósito general altamente competentes en múltiples dimensiones, como razonamiento, escritura y programación.

La inteligencia, afirmó, es más “fungible” de lo que se pensaba, y mejorarla en áreas clave puede desbloquear capacidades transversales.

Además, destacó el valor de la IA como compañera creativa. Más allá de ejecutar tareas, los modelos pueden ayudar a las personas a generar y evaluar ideas, actuando como socios de brainstorming que elevan la calidad de lo que se construye.

En este punto, enfatizó que la combinación humano + IA sigue siendo especialmente poderosa, sobre todo cuando el ser humano conserva el rol de juicio e intuición.

Educación, colaboración y el valor de lo humano

Lejos de eliminar la necesidad de interacción humana, Altman considera que la IA aumentará su valor. En educación, esto implica repensar métodos y objetivos, en lugar de prohibir herramientas que ya forman parte del entorno cotidiano.

Aprender a trabajar con IA, señaló, será tan esencial como lo fue en su momento aprender a usar calculadoras o computadoras.

En entornos colaborativos, prevé que la presencia constante de sistemas inteligentes potenciará la productividad grupal.

Equipos pequeños, apoyados por asistentes de IA, podrán lograr resultados que antes requerían grandes organizaciones, reforzando la importancia de la conexión humana en un contexto de abundancia tecnológica.

Ciberseguridad y riesgos emergentes: el mayor punto ciego

Uno de los momentos más cautelosos de la conversación llegó al abordar la seguridad. Altman advirtió sobre el riesgo de “caminar dormidos” hacia escenarios peligrosos, impulsados por la tentación de otorgar a los modelos cada vez más acceso y autonomía.

Aunque los fallos graves pueden ser poco frecuentes, su impacto potencial es lo suficientemente alto como para exigir una infraestructura de seguridad mucho más robusta.

En ámbitos como la ciberseguridad y la bioseguridad, defendió un cambio de enfoque: pasar de intentar restringir el acceso a las herramientas a construir sistemas de resiliencia a nivel social.

La IA, sostuvo, será tanto parte del problema como de la solución, y su uso responsable requerirá coordinación entre laboratorios, empresas, investigadores y gobiernos.

Un periodo excepcional para construir

Altman cerró con una reflexión dirigida a emprendedores y constructores: este es un momento inusual, en el que las reglas no han cambiado, pero las oportunidades se han multiplicado.

Apostar por productos que se beneficien directamente de modelos cada vez más potentes, en lugar de depender de limitaciones temporales, será clave para crear valor duradero en un ecosistema en rápida evolución

Periodista con 21 años de experiencia en los ámbitos político, legislativo, investigación, judicial, policial y multimedia. Perfil digital y multitasking, con conocimientos de inteligencia artificial,...