Frente a este escenario, Aurelio Padilla plantea modernizar la UNI, fortalecer laboratorios y ampliar convenios con empresas para preparar a sus estudiantes en áreas como inteligencia artificial, automatización e ingeniería aeroespacial.
El mercado laboral peruano atraviesa una etapa de transformación acelerada. Las empresas demandan perfiles cada vez más preparados para trabajar con tecnologías digitales, automatización, análisis de datos e inteligencia artificial, mientras las universidades enfrentan el reto de formar profesionales capaces de responder a puestos que, hasta hace pocos años, no existían o tenían una presencia limitada en el país.
En ese contexto, el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo proyecta 425,625 nuevas contrataciones en el sector privado formal para 2026, una cifra que refleja la necesidad de alinear la formación universitaria con las nuevas exigencias productivas.
Para la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), este cambio representa una oportunidad clave para reforzar su papel en la preparación de ingenieros, investigadores y especialistas vinculados a sectores estratégicos.
La formación universitaria ante un mercado laboral en transformación
Aurelio Padilla, director de la Escuela de Ingeniería Aeroespacial de la UNI, sostiene que la universidad debe acelerar su proceso de modernización para conectar mejor la enseñanza académica con las necesidades reales de la industria.
Según plantea, la formación profesional ya no puede limitarse a los modelos tradicionales, porque los nuevos empleos exigen adaptación tecnológica, capacidad de aprendizaje continuo y dominio de herramientas emergentes.
“La UNI tiene que formar a los ingenieros que el Perú necesita hoy y los que requerirá mañana. La inteligencia artificial, la automatización, la industria aeroespacial y las nuevas tecnologías ya están transformando el mercado laboral”, afirmó Padilla, quien postula al rectorado de la UNI en las elecciones previstas para el próximo 16 de octubre.
Su enfoque apunta a que la universidad anticipe los cambios del entorno productivo y prepare a sus estudiantes para desempeñarse en áreas con alto potencial de crecimiento.
Esta visión cobra relevancia en un escenario en el que las competencias digitales ya no son exclusivas de ciertos sectores, sino que atraviesan actividades como manufactura, salud, transporte, energía, construcción, urbanismo e investigación aplicada.
Nuevas carreras de la UNI responden a la demanda tecnológica
El desafío es especialmente importante para la UNI, una institución históricamente vinculada a la ingeniería, la ciencia y el desarrollo tecnológico.
Como parte de su respuesta a la evolución del mercado, la universidad incorporó en 2026 nuevas carreras como Ingeniería de Inteligencia Artificial, Ingeniería Aeroespacial, Ingeniería Biomédica y Urbanismo.
Estas especialidades reflejan una tendencia cada vez más visible: la necesidad de formar profesionales capaces de resolver problemas complejos con herramientas tecnológicas avanzadas.
En el caso de la ingeniería biomédica, la demanda se vincula con innovación en salud y dispositivos médicos; mientras que la ingeniería aeroespacial abre oportunidades en investigación, diseño, tecnología satelital y sectores asociados.
Por su parte, el urbanismo responde a los retos de planificación de ciudades, movilidad, sostenibilidad e infraestructura.
La incorporación de estas carreras también plantea una exigencia institucional: contar con espacios académicos adecuados, laboratorios actualizados, docentes preparados y mecanismos de vinculación que permitan a los estudiantes aplicar sus conocimientos en proyectos concretos.
Laboratorios modernos y más vínculo con empresas
Padilla propone acompañar esta transformación con laboratorios modernos, actualización de espacios académicos y mayor relación con la industria. Para el especialista, el aprendizaje debe fortalecerse con experiencias prácticas que acerquen a los estudiantes a los problemas reales del país y del sector productivo.
En esa línea, plantea impulsar más oportunidades para que los alumnos desarrollen prácticas preprofesionales, tesis, investigaciones y proyectos directamente conectados con empresas, instituciones públicas y sectores estratégicos.
Este tipo de articulación permitiría que la formación no quede aislada del entorno laboral, sino que se convierta en una vía para generar innovación, empleabilidad y soluciones aplicadas.
Su propuesta contempla superar los 150 convenios activos entre 2027 y 2029, con el objetivo de ampliar las oportunidades de prácticas, tesis y empleo para los estudiantes de la UNI.
La meta apunta a consolidar una red de cooperación que facilite la transición entre la universidad y el trabajo formal, especialmente en áreas vinculadas con nuevas tecnologías.
Inteligencia artificial y empleos del futuro: el reto para los ingenieros peruanos
La expansión de la inteligencia artificial está cambiando la manera en que se organizan los procesos productivos.
Las empresas requieren profesionales que no solo conozcan herramientas digitales, sino que sean capaces de diseñar soluciones, interpretar información, automatizar tareas y adaptarse a entornos de innovación constante.
Para una universidad como la UNI, este escenario implica reforzar la formación técnica, pero también promover capacidades transversales: pensamiento crítico, investigación, trabajo interdisciplinario y comprensión de los impactos sociales de la tecnología.
La preparación de los futuros ingenieros no dependerá únicamente del dominio de software o equipos especializados, sino de su capacidad para aplicar el conocimiento en problemas reales.
“La universidad no puede esperar a que el mercado cambie para recién actualizarse. La UNI debe anticiparse al cambio y convertir el talento de sus estudiantes en innovación, investigación y oportunidades laborales”, añadió Padilla.
Una apuesta por empleabilidad, innovación e investigación
La propuesta de modernización busca que la universidad fortalezca su aporte al desarrollo del país mediante una mayor conexión entre educación superior, industria e investigación.
En un mercado laboral marcado por la digitalización, esta articulación puede ser decisiva para que los egresados accedan a empleos de mayor especialización y para que las empresas encuentren talento preparado dentro del sistema universitario peruano.
El reto, sin embargo, no se limita a crear nuevas carreras. También supone sostener una actualización permanente de contenidos, invertir en infraestructura, ampliar convenios y promover proyectos que vinculen a estudiantes, docentes, investigadores y empresas.
De esa manera, la UNI podría consolidar un modelo de formación más conectado con los empleos del futuro y con las necesidades productivas del Perú.
